Adaptar las competencias de los gestores culturales a la contemporaneidad

Quiero empezar mi blog con la exposición de los aspectos que me parecieron más relevantes de la conferencia impartida por Alfons Martinell Sempere con el título de “Historia y evolución del perfil profesional del gestor cultural de artes escénicas en España,”dentro del programa que impartió La Escuela de Verano de la Red de Teatros el pasado día 10 de Junio.

Eso sí, quiero advertiros expresamente que lo que os voy a transmitir es mi visión de su exposición, visión que no tiene necesariamente que coincidir con la literalidad de las ideas que Alfons nos expresó.

En el terreno de la política cultural, es necesaria una acción continuada para que ésta produzca un beneficio tangible en la sociedad. Dicha acción abarcaría un periodo de -al menos- 10 años, con el fin de producir una sinergia coherente con la propia acción que se quiere desarrollar.

En 1979, a raíz de las primeras elecciones democráticas, y en ausencia de gestores culturales profesionales, esta labor recayó en los Concejales de Cultura. Recién llegados al cargo, muchos de ellos realmente no sabían ni elaborar ni desarrollar un programa cultural coherente a medio y largo plazo, pero eso sí, tenían un punto de partida basado en el principio “Cultura para el pueblo”. En esos años no había ningún estudio sobre conceptos relacionados con el ámbito de la gestión cultural, y las acciones que se realizaban oscilaban entre la intuición del Concejal y su experiencia empírica.

¿Acaso quiere esto decir que la Gestión Cultural era una nueva profesión?

Evidentemente no. Siempre, de una forma u otra, ha habido gestores culturales, pero la nueva realidad política imponía un cambio de tendencia hacía la profesionalización, lo que a su vez requería capacidad y mano de obra especializada.

La Gestión Cultural es una actividad que no se puede enseñar pero sí se puede aprender, a base de claves coordinadas e información. La práctica hace al profesional, pues puedes tener buenas notas pero no ser un buen gestor. Esto no quiere decir que no tengas formación, pero es necesario que el estudiante desarrolle capacidades que se adapten a su contexto.

Así pues, la necesidad de profesionales de la Gestión Cultural nace de la emergencia de “un encargo social” derivado de la incorporación de la cultura a las Políticas Públicas, lo que se traduce en forma de contratación laboral, principalmente en el ámbito local.

Al mismo tiempo, se producen toda una serie de cambios científicos y tecnológicos que se traducen inexorablemente en la creación de nuevas formas de producción cultural,

lo que conduce a la necesidad de técnicos cualificados para desarrollarlas. El profesional tiene un sentimiento de “lo tengo que hacer bien”, lo que le exige estar preparado, muy bien preparado.

Una política cultural se define entre la lógica del mercado y la lógica del interés general, este es el gran debate en la actualidad, pero sea cual sea el resultado de esta confrontación, la política cultural que se implemente que tiene que estar impregnada de excelencia y calidad.

Por poner un ejemplo, allá por los años 80, dentro del Plan Nacional de Rehabilitación de Teatros, y ante las exigencias de conservar un buen patrimonio artístico, el “encargo social” hacía necesaria una capacidad y una calidad técnica, más allá de la simple “buena voluntad” del gestor cultural del turno. De esta manera se evidencia la necesidad de profesionalización, pues el “todo vale” en la cultura que no puede hacerse desde la más absoluta ignorancia. La lógica en este contexto nos dice que un buen músico no tiene que ser “per se” un buen director de un Auditorio.

Así pues, la demanda de formación en materia de gestión cultural se deriva de la exigencia de profesionalización que impone el “encargo social”.

Pero entonces, a los docentes nos llega la pregunta ¿cómo debemos enseñar las competencias en relación al “encargo social”? La cultura, desde siempre, tiene la tendencia a mirar al pasado, en vez de mirar al futuro. Aceptar los cambios tecnológicos es una tarea de todos. Decían que la televisión iba a terminar con el cine, y sólo hay que ver donde estamos…

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